México tiene razones para defender su soberanía de la injerencia extranjera. Pero también tiene razones para desconfiar de cualquier poder que pretenda utilizar la soberanía como argumento para reducir los contrapesos. La defensa de México frente al exterior debe ser proporcional a la defensa del ciudadano frente al Estado. La nación no se debilita cuando un periodista investiga. No se debilita cuando un opositor cuestiona. No se debilita cuando un juez exige pruebas. No se debilita cuando una persona con doble nacionalidad participa en la vida pública bajo reglas constitucionales. No se debilita cuando una fiscalía investiga a un senador. Al contrario. Ahí se fortalece.
