Entropía: China levantó la voz ante una agresión cultural en su contra y contra México: Estados Unidos señaló que la mayoría de las banderas, playeras y otras mercancías, para los festejos del Día de la Independencia en México, se fabricaban en China; lo que significaba que no era una “noche muy mexicana” que digamos.
Fría: Estados Unidos utiliza Independencia de México para agredir a China

En parte, la “cizaña” que arrojó la Embajada de Estados Unidos en México tiene razón en cuanto a la mercancía, pero es hipócrita en los hechos, ya que la mayoría de los productos que vienen del gabacho a territorio nacional, también se producen en Asia, principalmente en Taiwán, que en pocas palabras, también es China, pero Capitalista.
La cultura Shanzhai y cómo honrar imitando para innovar

Sin embargo, el tema es la piratería y no “es lo mismo aquí que en China”: En China, más allá de calidad y precios, la práctica de copiar y producir artículos falsificados está tan entrelazada con la cultura china que incluso hay una palabra para ello: Shanzhai.
En 2014, Ben Goodger, experto en propiedad intelectual de la compañía Edwards Wildman, planteaba que en China el concepto de la imitación es muy diferente al que existe en Occidente.
“En China, copiar algo es mostrar un profundo respeto por su manufactura. La sociedad china tradicional es muy jerárquica: están los maestros de su arte y muchos artistas copiando a esos maestros en cada detalle, tan minuciosamente como sea posible. Eso es entendido como un homenaje porque el maestro es el gran genio”.
“La idea de que la obra que el artista crea es una manifestación de su personalidad individual es en gran medida una idea típicamente occidental (de “América”). Así, la idea de la copia como engaño no tiene mucho sentido en China”.
Esto quiere decir que existe esa actitud cultural que ve la copia como un signo de respeto y de ahí para delante.
La transformación incesante y la “propiedad intelectual”

En el 2017, Donald Trump comenzó en silencio lo que ahora es una Guerra Económica con el gigante asiático, quien también es su principal socio comercial. Sin embargo, en su primer periodo como presidente de Estados Unidos, Trump puso bajo investigación las prácticas de China en materia de “propiedad intelectual”, ya que según su visión, estaban dañando a las empresas norteamericanas.
Trump llegó al grado de suspender a Alibaba por la venta de lo que consideraban una copia ilegal (“piratería”); pero Trump nunca cuestionó la importancia del Capital Intelectual en China y tampoco cuestiona que no se tipifique en el T-MEC, sobre todo en las condiciones como opera en China. En el país asiático, el modelo neoliberal laboral de los 90s impone, sí mano de obra barata y poco calificada, pero también impone puestos gerenciales para los ciudadanos chinos en empresas de Estados Unidos o de cualquier otro país que se instale en su territorio.
Ya en 2026, China pasó de imitar desde tenis, hasta modelos de lenguaje (Inteligencia Artificial como DeepSeek), pero utilizando las fábricas, los materiales y las técnicas que las empresas estadounidenses instalaron en su territorio; es decir, “el alumno superó al ‘maestro’” y ahora los productos resultantes, más allá de banderitas mexicanas y playeras de la Selección Mexicana de Futbol, son hasta de mejor calidad que los originales. Los mejores ejemplos son Xiaomi y Huawei.
Caliente: La “piratería”, la precariedad laboral y el comercio informal

Sin embargo, China siguió el juego de Estados Unidos y con las normas “legaloides” de “propiedad intelectual” y con el dominio de su “Capital Intelectual”, pudo exportar legalmente también muchos productos de baja calidad, casi desechables y que no podrían ameritar una demanda por violar los derechos del consumidor en México. Mucho menos una demanda por la “propiedad intelectual” de lo que según está “Hecho en México”. Ya que si una empresa China exporta a México muchos productos que son innovadores, pero también “desechables”, cuando se busca demandar a la empresa china responsable, esta empresa ya desapareció o cambió de razón social.
Es aquí donde entra el comercio informal de México. “La informalidad subsiste gracias al acceso a mercancías extremadamente baratas”, señaló desde el 2009 Carlos Pérez Munguía, socio fundador y expresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior (IMECE).
El Maestro en Administración destaca que la “piratería” no es espontánea, surge cuando las naciones sufren periodos de recesión; un fenómeno característico en la era de la globalización, lo que consideró como “una respuesta de los países de bajos ingresos contra la monopolización y transnacionales de la economía mundial”.
Sin embargo, señala que la “piratería” tiene que ver con la desigualdad social, el desempleo y la precariedad laboral y económica. Ahora, en el 2026, con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI reportó que de 62.6 millones de personas económicamente activas, 34.1 millones de personas trabajan en condiciones de informalidad. Esto se traduce como el 56.2% de la población ocupada en julio de 2026, el nivel más alto desde el 2021.
Y de la mano de la informalidad, llega la “piratería”. En México se ha hecho más evidente, al grado de convertirse en problemas sociales en parques y la vía pública; incluso luchas por espacios de plazas públicas de gran valor para el comercio y el turismo, ya sea formal o informal; ya sea con productos “legales” o “piratas”. Sin embargo, esta actividad económica informal, de la mano de lo que llaman “piratería”, sirve de salvavidas para miles de familias que no encuentran un empleo formal en ningún sector y que no tienen la habilidad de producir alguno.

La otra cara de la moneda son los productos de artesanos mexicanos, productos que incluso ahora se imitan y fabrican de forma masiva con impresoras 3D e inteligencia artificial. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio Servicios y Turismo de la Ciudad de México (CANACO CDMX), la “piratería china” desplaza las ventas de los artesanos hasta un 80%. Aún cuando la producción artesanal representa el 20% del Producto Interno Bruto cultural de México.
Ahora se imitan diseños tradicionales de objetos como molcajetes, huipiles y piezas textiles. No solo las playeras para el Mundial y el Día de la Independencia. Estas copias se fabrican en serie utilizando materiales sintéticos, lo que permite abaratar los costos y vulnerar la autenticidad del mercado nacional.
Aunque está advertencia se produjo desde meses antes del Mundial del 2026, las autoridades mexicanas e incluso las de Estados Unidos se vieron rebasadas ante la hegemonía del Shanzhai de China.
Entropía: La visión estadounidense de “piratería” es “cizaña” pura
Sin embargo, el discurso de la “piratería” también ha sido utilizado para atacar a las artesanas feministas. Artesanas que habían permanecido desde hace 8 años en la Alameda Central de la Ciudad de México en resistencia contra la violencia económica y que pasaron de ser 300 mujeres a menos de 50 en resistencia, se ven afectadas por el creciente comercio ambulante de la “piratería”. La cadena de corrupción propiciada por los monopolios de las marcas trasnacionales más vendidas en México, como Nike, por ejemplo, que se “piratean” de formas industriales, y la omisión de las autoridades gubernamentales para actuar contra ella, se traduce en una parte del 25.4% del Producto Interno Bruto de México.
Es decir, que de 35.5 billones de pesos, tan solo del primer bimestre del 2026, el 25 por ciento: 9.017 billones de pesos, se movieron en el comercio informal en todo el país. Esas cifras no quieren decir que todo es producto de la “priratería”, sino que hay “propiedad intelectual” o incluso Capital Intelectual de pequeños o medianos productores o artesanos y artesanas, incluso comercio rural, que está siendo excluído por no tener herramientas legales a su alcance y sin tener que pasar por alguna estrategia comprometida con algún partido político o programa social.
En el caso de la CDMX, la “piratería” ataca a la “artesanía” por la fuga de ese valor de uso que se omite por “arte de magia” del PIB y que provoca “cizaña” o actos porriles que ponen a especular y a pelear a dos sectores sociales que pertenecen a una sola clase; casi como la “cizaña” empleada por la Embajada de Estados Unidos en México para atacar a su competidor principal: China y a su visión socialista y cultural plasmada en el Shanzhai.
En algunos casos, la autogestión y la emancipación popular de algunas organizaciones, asociaciones civiles o cooperativas, prefieren estar fuera de la visión “monopolizada” y “transnacional” del “comercio informal”, incluso sin tener que entrarle a la venta de “piratería”, sino con la confección o fabricación de sus propios productos a través de un arte, oficio o profesión (el Capital Intelectual no reconocido formalmente).
Sin embargo, la “piratería” también puede ser bien aprovechada de forma emancipada, pues hay ejemplos de cómo corrientes artísticas como el Ska o el Rock Nacional crecieron como una Contracultura a partir de la venta pirata de los propios discos de los artistas, sobre todo con el consentimiento de varios exponentes. Pero ese ya es otro tema para la próxima Entropía.
