La historia de México no comenzó con la llegada de los españoles ni se reduce a los acontecimientos que aparecen en los libros de texto. Antes de la conquista existían pueblos con sistemas políticos, conocimientos científicos, tradiciones artísticas, formas de organización social y maneras propias de registrar su pasado. El Códice Azcatitlán es una ventana a ese mundo y una invitación a preguntarnos cuánto conocemos realmente de nuestras raíces.

Después de permanecer fuera del país desde 1840, este manuscrito histórico regresó temporalmente a México para protagonizar la exposición El Códice Azcatitlán. México-Francia, 200 años de amistad, inaugurada el 17 de septiembre de 2026 en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México. La muestra forma parte de las conmemoraciones por los dos siglos de relaciones diplomáticas entre ambos países y permanecerá abierta hasta el 6 de diciembre de 2026.

La relevancia de esta exposición va más allá de la diplomacia cultural. Nos enfrenta a una pregunta fundamental para la sociedad mexicana: ¿qué sabemos de nosotros mismos como mexicanos y mexicanas, y cuánto de nuestra identidad hemos aprendido a través de una historia contada desde otras perspectivas?
¿Qué es el Códice Azcatitlán, qué nos cuenta y por qué México expone?
El Códice Azcatitlán es un manuscrito elaborado en el Valle de México entre finales del siglo XVI y principios del XVII. Sus 20 fojas combinan la tradición pictográfica mesoamericana con elementos de la escritura europea para reconstruir episodios fundamentales de la historia mexica. Actualmente pertenece a las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia.

Su contenido se articula alrededor de tres grandes momentos históricos:
- La migración mexica: el recorrido desde Aztlan, lugar de origen de acuerdo con la tradición, hasta la fundación de México-Tenochtitlan.
- La historia de sus gobernantes: la sucesión de los tlatoque y los principales acontecimientos asociados con sus gobiernos.
- La conquista y el orden colonial: la llegada de los españoles, la caída del mundo político mexica y los procesos de evangelización.
El valor del documento reside también en su lenguaje visual. Las imágenes no son simples adornos: constituyen una forma de organizar, transmitir e interpretar conocimientos históricos. Leer un códice exige comprender convenciones gráficas, símbolos, personajes y relaciones entre escenas que no funcionan necesariamente como una narración escrita en español moderno.

Este aspecto nos recuerda que los pueblos mesoamericanos tenían formas propias de preservar la memoria colectiva. La escritura alfabética no fue la única tecnología cultural capaz de transmitir historia, y los documentos indígenas no deben evaluarse exclusivamente desde los criterios de los archivos europeos.
¿Por qué es importante para los mexicanos y las mexicanas?

La importancia del Códice Azcatitlán no se limita a su antigüedad ni a su valor artístico. Su contenido permite cuestionar una idea que todavía atraviesa nuestra educación, nuestra cultura y nuestra manera de reconocernos como nación: la creencia de que México surgió únicamente de la unión entre la civilización europea y los pueblos indígenas después de la conquista.
Antes de 1521, los pueblos que habitaban el territorio que hoy conocemos como México poseían identidades, lenguas, sistemas de gobierno, redes comerciales, conocimientos agrícolas y tradiciones culturales diversas. Los mexicas fueron una de esas sociedades, pero no representaron a la totalidad de los pueblos mesoamericanos.

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Por eso, reconocer la historia mexica no significa reducir el pasado mexicano a Tenochtitlan. Significa comprender una parte fundamental de una historia mucho más amplia, en la que participaron pueblos con relaciones de cooperación, intercambios, conflictos y distintas experiencias frente a la expansión mexica y la colonización española.
El códice contribuye a recuperar esa perspectiva: los pueblos originarios no fueron personajes secundarios de la historia, sino protagonistas de sus propios procesos históricos.

La conquista transformó profundamente las estructuras políticas, religiosas y sociales de Mesoamérica. Sin embargo, no eliminó todas las formas de conocimiento indígena. Algunas tradiciones continuaron transmitiéndose mediante imágenes, relatos orales, prácticas comunitarias, documentos y adaptaciones culturales.
El Códice Azcatitlán es particularmente valioso porque fue elaborado después de la caída de México-Tenochtitlan y combina tradiciones pictográficas mesoamericanas con elementos asociados al mundo europeo. Su existencia permite estudiar cómo se conservaron, organizaron y reinterpretaron memorias indígenas en un contexto colonial.
Esto abre una reflexión importante: la identidad mexicana no es una herencia intacta ni una esencia inmutable; es el resultado de procesos históricos, resistencias, transformaciones y continuidades culturales.
Cuando observamos un documento como este, también reconocemos que nuestra historia no puede explicarse únicamente desde la perspectiva de quienes conquistaron, gobernaron o escribieron los relatos oficiales. Es necesario estudiar las voces indígenas, las comunidades que preservaron sus tradiciones y las investigaciones que permiten interpretar sus testimonios.
México-Francia: ¿amistad cultural o reflexión sobre el patrimonio?

El regreso temporal del códice se produce en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia. La colaboración institucional permitió trasladar el manuscrito a nuestro país y, de manera recíproca, llevar el Códice Boturini a París para su exhibición.
El intercambio representa una oportunidad para fortalecer la investigación, la conservación y el acceso público al patrimonio histórico. Sin embargo, también plantea preguntas que merecen una discusión pública más amplia.
- ¿Cómo llegaron los documentos históricos mexicanos a colecciones extranjeras?
- ¿Qué responsabilidades tienen los museos y las instituciones que custodian bienes culturales de otros pueblos?
- ¿Cómo pueden las comunidades de origen participar en la interpretación y divulgación de su patrimonio?
- ¿Qué mecanismos permiten garantizar el acceso público, la investigación y la preservación de estos documentos a largo plazo?
En el caso del Códice Azcatitlán, su presencia en Francia forma parte de una historia de circulación de objetos y colecciones que debe estudiarse con rigor. Su traslado a México no significa que haya cambiado de propietario: el manuscrito continúa perteneciendo a la Biblioteca Nacional de Francia.
La discusión, por tanto, no debe quedarse en celebrar que una pieza histórica vuelve temporalmente al territorio donde fue elaborada. También debe impulsar acuerdos de cooperación científica, digitalización accesible, formación de especialistas y participación de los pueblos cuyas memorias están representadas en estos documentos.
La diplomacia cultural adquiere mayor relevancia cuando el intercambio entre países produce beneficios duraderos para la sociedad y no solamente imágenes de ceremonias oficiales.
Códice Azcatitlán: Conocer la historia también es ejercer el derecho a la memoria

El Códice Azcatitlán nos recuerda que México tiene una historia anterior a la formación del Estado Nación y que una parte fundamental de esa historia fue registrada por pueblos que desarrollaron sus propias maneras de representar el cosmos. Su regreso temporal permite acercarnos a ese legado, pero también nos obliga a reflexionar sobre el acceso al patrimonio, la preservación de los conocimientos indígenas y la responsabilidad de las instituciones educativas y culturales en la construcción de una memoria colectiva más amplia.
Para viceversa.news, la importancia de esta exposición radica precisamente en ir más allá de la noticia diplomática. El acontecimiento permite relacionar la historia con el presente y plantear una cuestión social: no basta con celebrar nuestras raíces si desconocemos su diversidad, ni basta con exhibir los vestigios de los pueblos originarios si no reconocemos su existencia y sus derechos en el México contemporáneo.
Conocer quiénes somos exige estudiar de dónde venimos, reconocer las historias que fueron relegadas y escuchar a quienes mantienen vivas esas memorias. El Códice Azcatitlán no ofrece una respuesta definitiva sobre la identidad mexicana, pero sí una oportunidad para construir preguntas mejor informadas y comprender que nuestra historia es mucho más amplia que cualquier relato único.
Datos para visitar la exposición: El Códice Azcatitlán: México-Francia, 200 años de amistad

La exposición no presenta únicamente el Códice Azcatitlán. De acuerdo con la información oficial, el recorrido incluye seis ejes temáticos, facsimilares de nueve manuscritos y 25 piezas arqueológicas y etnográficas que permiten aproximarse a la fabricación, conservación y diversidad de estas tradiciones documentales. Entre los manuscritos reproducidos se encuentran los códices Boturini, Bodley, De la Cruz-Badiano y Mendocino.
Sede: Museo Nacional de Antropología
Paseo de la Reforma y Calzada Gandhi, Chapultepec, Ciudad de México.
Fecha: Del 17 de septiembre al 6 de diciembre de 2026.
Horario: Martes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas.
Entrada Gratuita para la exposición.
Consulta los detalles antes de acudir en el sitio oficial del Museo Nacional de Antropología.
