Los habitantes del Oriente de la CDMX y del Edomex se han vuelto la “carne de cañón”. Esa “carne de cañón” que ha pasado de ser “progresista”, a ser “bien resiliente” y que, ahora, es “prescindible”, pues “aguanta” y demuestra que “sí se puede”. El olvido en el que tienen al Oriente de la CDMX y Edomex, es un mensaje que muchos pueden entender.

¿Qué significa “carne de cañón”?
El progreso puede ser interpretado como una “gran mentira” para algunos y una “gran verdad” para otros. Lleva 30 años conciliando con neoliberales, 80 años conciliando con el “charrismo” y 100 años conciliando con la clase burguesa para los intereses imperialistas: la conformación, institucionalización y la corporativización del Estado. El progreso ha engendrado la idea de “resiliencia” para simular, para sobrevivir, para “hacer más” fuerte a la ‘carne de cañón’ del capitalismo: a esos que también llaman “prescindibles”.
¿“Prescindible” o “carne de cañón”?
El significado viene de la cúpula militar y también sirve para nombrar a la ‘carne de cañón’: a esas personas que pueden “dejar morir”, que representan un problema para la empresa y que nadie los va a extrañar. Los “prescindibles” del neoliberalismo ahora son “resilientes”: ese término de la física y de la química que se adjudicó el “ala izquierda progresista” para no verse derrotada ante un progreso minúsculo, muchos de ellos ahora se hacen decir “bien resilientes”.
¿Existe realmente la “resiliencia social”?
Es como la persona que se levanta todas las mañanas más temprano, esa que busca y lucha por la mejor forma de transportarse, incluso cuando el metro, los camiones o las combis no tienen condiciones óptimas y, aún así, llega a tiempo; aún así, cumple con su trabajo y, aún así, se avienta 2 horas de regreso a casa: “porque es bien resiliente”. Es la misma persona que se gana el bono de puntualidad, llega a ver a su familia 1 hora en 24 horas y no dice nada, “porque es bien resiliente”…
¿Qué es la “resiliencia”?
La resiliencia es un término utilizado en química y física para nombrar a un material, mecanismo, modelo o sistema que tienen la capacidad de recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido, por lo regular en un laboratorio o ensayo. Algunos sociólogos, psicólogos o médicos, así como los “progresistas”, usan el término para nombrar a las personas que nacen, crecen y se desarrollan en un contexto adverso, pero logran “salir adelante”, a pesar de las carencias sistemáticas que crea el propio sistema capitalista contra estas personas “resilientes”.
¿”Resiliencia” o “carne de cañón”?
La resiliencia puede ser utilizada para alienar a la clase obrera y a la pequeña burguesía, para así, mantener esa dinámica de “selección artificial” de la Clase Capitalista Transnacional: Ya que demuestra que “sí se puede”.
¿Qué pasa con quien no logra “ser bien resiliente”?
El sistema del más fuerte. Quién no tiene dinero puede ser prescindible en cualquier parte. En la fila del seguro, en la tienda de autos, en la fila burocrática del SAT… si no tienes dinero, no eres productivo, si no eres productivo, no sirves a la sociedad: no sirves como individuo dentro de la dinámica corresponsable de las organizaciones interdependientes que son las empresas, dejas de ser imprescindible para convertirte en improductivo. La circulación del dinero es parte del sistema financiero ante un “stock de violencia”.
¿La pequeña burguesía es “carne de cañón”? ¿Y la gran burguesía?
Todos los que no son dueños de los grandes medios de producción y que trabajan para alguien, que trabaja para alguien, son la pequeña burguesía; aunque trabajen para ellos en puestos directivos, aunque son “imprescindibles”, siguen siendo empleados de la Clase Capitalista Transnacional (La gran burguesía).

La gran burguesía son los dueños del espectro radiofónico y digital que dan señal a la nube de internet, a las televisoras deudoras y enajenantes, o de señales para los celulares. Son los dueños de grandes terrenos con cientos o miles de cabezas de ganado, con grandes granjas avícolas y de siembra. Son los dueños de terrenos con energías fósiles, con granjas de paneles solares o con terrenos de minas de oro o litio. Son los dueños de la Banca donde se jinetea el dinero de las afores de todos los mexicanos o los ahorros de miles de comerciantes e inmigrantes…

Esos son la Clase Capitalista Transnacional; los dueños de los grandes medios de producción, esos medios que están en “pocas manos”. Las “pocas manos”.
La contradicción “progresista” para los “prescindibles”
Esas “pocas manos” de nombres mexicanos y apellidos extranjeros, son los mismos que prefieren financiar un cablebús y una ciclovía al Estadio Azteca para un Mundial de Fútbol, que darle mantenimiento a la Línea A del Metro de la CDMX, porque según las “pocas manos”, es una inversión “para sacar más dinero” y mejorar la vida de los “prescindibles”: otra vez la mentira del progreso. Incluso las “pocas manos” prefieren olvidar la tragedia de la “Explosión de la Concordia”, la muerte de los fotógrafos en el Festival Axe Ceremonia y cientos de accidentes más en la industria energética o de entretenimiento que aún están impunes a pesar de la reforma al Poder Judicial.
Carne de cañón para la gentrificación futbolera de la CDMX
Es de suma importancia señalar que en este momento los habitantes del Oriente de la CDMX y del Estado de México se vuelven prescindibles. Las “pocas manos” prefieren preparar todo para los imprescindibles del extranjero: los mismos que vendrán a gastar “millones de dólares” en el Mundial de Fútbol del 2026. La gentrificación futbolera de la CDMX es imprescindible, mientras los mexicanos, una vez más, se vuelven la “carne de cañón” de Estados Unidos.
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